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El Hierofante I

sábado, marzo 22

stetit puella
tamquam rosula
facie splenduit
os eius floruit
eia !

 

Vengo del pueblo más remoto de Asia. Tan remoto que los viajeros del mundo, al llegar, se dan cuenta de que están ya medio muertos, y que el regreso terminaría de matarlos en la inmensa nada. Deciden al fin quedarse, y como sus vidas allá terminan, hijos tienen y en su lengua los educan, en ese pueblo se hablan todas las que suenan sobre esta tierra. Es de esta manera que yo hablo la castellana, pues mi madre vino de aquellos reinos católicos en ferviente búsqueda del cálculo exacto del tamaño del mundo, dado que fue matemática de espíritu, y diría a quien le preguntase que la travesía pretendía revelar hasta dónde puede Dios. Como vio su vida a medio consumir llegando al pueblo de todas las lenguas, sonrió y dijo qué más me da Dios, y dedicó el resto de sus días al magisterio de la ciencia exacta y al estudio de los idiomas bárbaros y gentiles, hasta de los que no conocía ni el Oráculo Ciego de Arabia, pues el muy sabio, si no camina sobre el mundo, ha de quedarse inmóvil en su sapiencia de cristal.

Siendo yo aun muy pequeño, mi madre se hizo la persona de más palabras y lenguajes del pueblo. Fascinada en sus libros, se diría alguna frase del saber en treinta y siete lenguas y haría escándalo con su risa, pues el consejo más erudito dicho en otros verbos no es más que un remedo de insulto, o una fábula obscena, o los versos más hermosos de todos los tiempos, o quién sabe qué cafarnaúm querría decir. Como pronto todos sus idiomas la desganaron, comenzó a predecir el futuro de cada uno, y debió llegar al punto del desquicio porque se le ocurrió quemar sus libros y sus pergaminos en el hogar, y como yo le pregunté qué iba a hacer sin sus estudios, me dijo con su sonrisa: a todo le tememos. Nadie comprendió cómo fue que la científica del pueblo, la más políglota persona, hubiera desaparecido de un día al otro como si nunca hubiera pisado la tierra, dejando atrás un hijo y varios cuartos vacíos donde solo rebotaban infinitamente los ecos de lenguas increíbles.

 

Pues ha de saberse que viví mi juventud con un miedo terrible a los lenguajes, y tuve que templar, algunas veces al borde de la locura, ese espanto irracional que sentía por las literaturas del mundo. Ironía del tiempo, claro, porque décadas después, en los que habrían sido los últimos meses de mi vida, me encontré atrapado en las fantasías lingüísticas, en todas las letras de todos los pueblos, con un estremecimiento de entrañas tan poderoso que me vi luchando entre pensamientos, luego ahogado de angustia, hasta que entendí la sentencia de mi madre y también desaparecí de pronto en el lugar exacto de la coincidencia de las lenguas. Pero aun hace falta que yo explique cómo es que esto vino a suceder, y así, si es que alguien me lee, se comprenda el destino de las letras.

Dije ya que fui un joven infeliz y atormentado por las palabras, y hubiera sido una criatura serena y sobria sin lenguaje. Cuán contento habría estado sin el verbo, cuán beato sin el pensamiento. El día en que no pude más con mis terrores, decidí impetuoso mi destino: el exilio. Con apenas unas ropas mal tratadas y conociendo cinco idiomas (era imposible en mi pueblo hablar solo dos o tres) partí sabiendo que jamás volvería, y que entonces habría de morir en lugares desconocidos y en una abominable soledad. Cuánta pena vale, llegué a preguntarme, sacrificar la tierra, las raíces y hasta el nombre para poder respirar un aire que no envenenara la mente con la promesa de una vida infrahumana. Pero eso poco me importó cuando sentí nacer el olvido en mis recuerdos y empecé a disfrutar las alegrías del naufragio: descubrir y ver, probar, oler y vivir. De vez en vez pensaba que me había convertido en un hombre de saber natural y por ello debía enseñar a alguien las bondades del mundo, pues no habría sido sensato que yo muriera matando lo vivo. Es acertado creer que aquello que exalta la vida deberá transmitirse, cambiarse, mientras que la señoría de la muerte podrá permanecer quieta, bajo la tierra, hasta el día en que nos devore. No pensaba, durante mi viaje, en la muerte religiosa, no en el eterno lamento católico y sus visiones de paraíso inviolable ni en la reencarnación y su miedo a lo inevitable. Yo pensaba en mi muerte, en mi extinción total. Sabía que el momento aguardaba, las horas últimas reposaban entre los días, como si cada día tuviera en sí mismo su tragedia, y que habría un ocaso que yo viera sin saber que era el fin de mi tiempo. También entonces llegaban las noches, y en ese mundo olvidado, en medio de la titánica Asia, recordaba que estaba solo. ¿Pero qué diferencia habría existido de quedarme yo en el pueblo? ¿Amistades, labores, amor cortés? Todo muere, todo se marchita y se desploma en una especie de viento de agua, en un fango irresistible, en un borde de sueños que es la muerte. Y me pregunté qué sería de mí, o de lo que yo hasta entonces había creído ser. La soledad, después de todo, parece ser nuestro destino, pero tal vez la condena real se encuentra en la conmiseración.

 

En los meses otoñales vi una villa que por muy vasta y ordenada me atrajo, y me encaminé hacia ella. La encontré muy parecida a mi pueblo, reposada, natural, aunque ahí solo se hablaba una lengua nacida en un norte lejano y escrita con un cirílico diferente del que yo conocía. Sus casas y tiendas eran altas, de paredes casi blancas, techos negros y ventanas del cristal más transparente, con una especie de arcos ojivales anchos y en sus bordes flores de temporada. Sus calles, a veces estrechas, se torcíán dolorosamente hacia todos los rincones del mundo, y cuando llovía, como pasó el día en que llegué, corrían riachuelos lánguidos llevándose las frutas de los mercados.

Conseguí asilo en una posada pequeña y pagué con la traducción de unos poemas dravídicos a la lengua latina, pues la dueña del lugar profesaba la religión de los cuatrocientos siete dioses y quería convertir a los mismos evangelizadores que cada cinco años traían sus manuscritos y sus cruces azules a la villa y no querían escuchar una lengua que no fuera de imperio.

—Pero cómo has traducido esto así — me dijo ella en su lengua familiar cuando yo le expliqué los trucos que hube de usar para mi oficio, y yo le respondí que ningún verso latino podría haber alcanzado la magnífica emoción carnal de los originales sin romper todo el amor de sus palabras. Así se dio mi primera fascinación genuina por la palabra escrita. ¿Qué lenguaje soportaba el amor de los cuerpos, que en el otro no fuera más que tragedia? ¡Qué conocerían los hablantes del otro! Por ese motivo, por la lenta comprensión de los poemas de los dioses, decidí quedarme en la villa varios días más. Pronto me enteré -mientras me acomodaba al lenguaje- de que el lugar era un minúsculo reino, y su rey se hacía llamar Donoso, aunque casi nadie, como era natural, conocía su verdadero nombre. De él se cantaban muchos versos en las plazas y en los mercados, y se daban tantas versiones de su vida que yo creí que era más un mito que un rey de carne y hueso. Bien pudo haber estado muerto sobre su trono, pero solo por su renombre seguiría gobernando como si nada hubiera ocurrido. Tan convencido de ello estuve que varias semanas después, cuando los mensajeros anunciaron la muerte del rey Donoso, no dudé que había estado días y noches inmóvil sobre su cama, y solo cuando su cuerpo empezaba a desbaratarse, sus lacayos reconocieron que no podría gobernar más.

Flor azul

 

Comentar

Anonymous Mari

Las palabras parecen deslizarse para armar frases. Y cada frase es eso que dice claramente. Pero también hay más, escondido. Distintos significados para cada uno que lee, claro. Pero parecen hablar de vos, de tu vida, y describirte.

Me pareció muy hermoso. Quiero más.

=)

Anonymous dann!

Lo siento como una autobiografia.
Excelente vida, ya sea real o inventada...

vi que comentaste en SinCera... gracias.

te dejo mi nuevo blog.

Blogger Swirlies

"Todo muere, todo se marchita y se desploma en una especie de viento de agua, en un fango irresistible, en un borde de sueños que es la muerte."

Me lo llevo, señor.

Blogger Fascist Baby

la leche te ayuda a dormir?

hermoso..apoyo el comentario anterior..me lo llevo

Blogger pk

oye, estaría bien que te lanzaras a hacer unas traducciones de la carmina, no?

en fin, pasé a saludar y dejar un abrazo.

Blogger joseph stam

me gusta como las pabras estan destinadas a formar esa facilidad. no se me quedo sin palabras.

me lo llevo

regresare para ver la seguir leyendo


saludos

Blogger deborahadaza

sì, eso del viento de agua es hermoso...

andas deluziano ùltimamente? lo importante es la trayectoria y no el arribo... me encantò tu manera de relatar, de repente me acorde de Borges y sus ruinas circulares, pero ...

que le pasò a Donoso?

no importa porque solo es un mosaico mas que pisaste y se tiene que olvidar no?

Blogger Padrenatas

¡Muy bueno! Escribir así a los 17, sin duda un gran talento (que envidia), te felicito y leeré tu blog mucho más seguido, un saludo

Blogger deborahadaza

changos no vi que decìa "I"

lo siento

Blogger pk

pasaba a ver si había algo nuevo
de mientras, te dejo un arbazo

Blogger Seraphim

Tio, conozco tu secreto.

Y lo descubrí de casualidad.

( No no... nomás sin querer te encontré en el server de "citrusmensajero" )

Blogger D

Pff debe ser un magnífico secreto. Tanto, que ni yo sé de qué se trata. ¿El server de quién?

Blogger Seraphim

limonchat pues... chale, le quitas la emoción.

Blogger D

Aah oooh. Ese ni secreto es..

Blogger Yayo Salva

Para mí la verdadera tragedia es no saber reconocer el valor del tiempo en sí mismo. Tiempo de vida, me refiero. Luego puede uno encaramarse en un sentido trágico para su vida o vivirla (gozarla) con optimismo o un poco de cada según ratos. En todo caso, personalmente, desaparecer no es una tragedia. Quizá un fastidio. Porque, a Donoso muerto, Donoso puesto...

Blogger Julio César Toledo

Hola. Me latió tu blog. Me gusta lo escrito en latín (creo) ¿es tuyo?
Bueno, pasa por el mío y si podemos hagámos contácto.

Blogger deborahadaza

ya!! sigue con lo que sigue!!!

Anonymous Anónimo

la verdad es q no lei nada olo me gusto el dibujo jejeje muy bueno